Una condenada tristeza se asomaba por mi ventana todas las mañanas, buscando como entrar a mi habitación. Siempre que la veía intentaba espantarla, no la quería dejar entrar. Hasta que un día, estrellaron varias piedras contra mi ventana. Una por desesperación, otras por amor, por frustración, por impotencia, por incertidumbre y una para que la condenada tristeza por fin entrara a mi habitación.

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