Suenan las campanas, anunciando la llegada de una bestia en llamas.
Esa bestia que fue invocada por la niña forzada.
Invocada porque nadie hizo nada para ayudarla y solo fue juzgada.
Todos se encerraron en sus casas, mientras la niña corría hacia la llegada de la bestia en llamas.
Algo un poco más divino que irreal ha ocurrido.
El pueblo ardía por las llamas que dejaba la bestia en su recorrido.
Hasta la iglesia el fuego consumía, mientras la niña miraba asustada, pero también encantada lo que la bestia estuvo dispuesta a hacer por ella.
Al fin, algo bueno pasaba en su vida, pues había pasado muchos años bajo despectivas miradas y desagradables llamadas.
Sola, con frío y asustada, es cómo ella se recordaba, hasta el día en que ardió todo por la bestia en llamas.

Deja un comentario