“Más para el lado. ¡No, no para el derecho no, hacia el izquierdo! Un poco más, ahora hacia atrás. ¡Míralo ahí, justo arriba de tu cabeza! Tres pasos más hacia atrás. Bien, ahora voltéate…” El hombre dio un último paso, tambaleó y cayó desde el techo. Cuando se escuchó el cuerpo rebotar sobre el corral de las gallinas y luego golpear el suelo, su sobrina mostró una siniestra sonrisa.

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